
No era una semana como otra cualquiera, pero yo no lo sabía.
Yo vivía en una casa a las afueras del pueblo, pero tenía que ir cada día al pueblo para ir al instituto. Normalmente quedaba con mis amigas con María, Ariadna y Yani en un sitio para irnos juntas al instituto, pero esa semana no fue así. María era una niña como yo, con temperamento y mucho carácter. Ariadna y Yani eran mucho más tranquilas. Muchas veces María y yo chocábamos, pero nos queríamos igual. Esa semana nos habíamos peleado y solo apareció Ariadna.
Mientras andábamos nos unimos a otros alumnos que hacían el mismo camino. Todos hablaban de una gran fiesta que se había de hacer en alguna casa en la noche de Todos los Santos. Decidida a hacerlo en mi casa, ya que estaba alejada del pueblo y en el bosque, fui directa a mis padres para pedirles permiso y ellos aceptaron.Al día siguiente, di la noticia. Todo el mundo me dio las gracias por hacer la fiesta en mi casa, pero claro, yo decidiría quiénes serían mis invitados.
Llegaba aquella noche y María, con la que seguía enfadada, intentaba acercarse a mí para que la invitara. Alba, mi mejor amiga, y yo decidimos invitarla para gastarle una broma.
Las condiciones para entrar en la fiesta eran:•No ir disfrazados•Ir con algo de maquillaje de terror Iban llegando los invitados hasta que estuvieron todos. Estuvimos un rato bien sin que pasara nada y entonces fue cuando decidimos comenzar la broma.Estábamos todos en la casa cuando, de repente, la luz se fue.Todo el mundo se quedó quieto. Yo, que era la anfitriona, dije que se calmaran que no pasaba nada que se habrían fundido los focos o algo. Llamé a Alba y a María para que me acompañaran y descubrir qué había pasado. Fue entonces cuando mi amiga Alba desapareció junto al armario de los fusibles. María se asustó mucho así que decidí acabar la broma. Llamé a Alba para que saliera pero no salía. Se había levantado mucho viento, Alba no salía y me empecé a preocupar. Era muy extraño. Fue entonces cuando le conté a María lo que habíamos planeado para asustarla, pero que la desaparición de nuestra amiga no estaba en nuestros planes. Asustadas, entramos en casa para informar a los invitados de lo que había pasado. Encendimos linternas, velas… Comenzaron a escucharse ruidos que no habíamos escuchado antes, el viento volvía a soplar cuando, de repente, se cerraron todas las puertas de golpe. Esto ya no era una broma, dejó de serlo hacia tiempo, no podíamos salir.Iban desapareciendo personas como moscas, no sabíamos lo que pasaba. Yo estaba aterrorizada. Los teléfonos no iban, las puertas no se abrían, algo estaba pasando. Se escuchaban los gritos de la gente cuando desaparecían. Parecía que algo les arrastraba. Oía sus corazones y sus lágrimas. ¡Era insoportable!
Ya solo quedábamos diez personas de treinta y cinco, estábamos muertos de miedo. Hasta que decidí planear algo. Las puertas ya se podían abrir y decidí huir al bosque. Detrás de mí, salieron corriendo algunos del grupo, a los otros que se quedaron en la casa solo los oíamos gritar. Corríamos y corríamos hasta que Ariadna tropezó, y al recogerla vimos a Alba. Caminaba, pero no parecía ella, así que le pregunte « ¿Alba estás bien? ¿Qué te ha pasado?», pero no contestó. Los que venían detrás seguían empujando, así que seguimos corriendo hasta que nos perdimos. Estábamos agotados decidimos sentarnos en un árbol a esperar a que mis padres llegaran por la mañana. Poco a poco se hizo de día y vimos que estábamos cerca del pueblo, cansados, doloridos y asustados nos acercamos al edificio del colegio. Íbamos a dar la mala noticia: nuestros compañeros habían muerto. Pero cuando llegamos estaban todos ellos, estaban allí haciendo clase. Eran ellos. Desde aquella noche no hay día que no sueñe con mis compañeros.Solo nosotros sabíamos que ellos estaban muertos.
Mientras andábamos nos unimos a otros alumnos que hacían el mismo camino. Todos hablaban de una gran fiesta que se había de hacer en alguna casa en la noche de Todos los Santos. Decidida a hacerlo en mi casa, ya que estaba alejada del pueblo y en el bosque, fui directa a mis padres para pedirles permiso y ellos aceptaron.Al día siguiente, di la noticia. Todo el mundo me dio las gracias por hacer la fiesta en mi casa, pero claro, yo decidiría quiénes serían mis invitados.
Llegaba aquella noche y María, con la que seguía enfadada, intentaba acercarse a mí para que la invitara. Alba, mi mejor amiga, y yo decidimos invitarla para gastarle una broma.
Las condiciones para entrar en la fiesta eran:•No ir disfrazados•Ir con algo de maquillaje de terror Iban llegando los invitados hasta que estuvieron todos. Estuvimos un rato bien sin que pasara nada y entonces fue cuando decidimos comenzar la broma.Estábamos todos en la casa cuando, de repente, la luz se fue.Todo el mundo se quedó quieto. Yo, que era la anfitriona, dije que se calmaran que no pasaba nada que se habrían fundido los focos o algo. Llamé a Alba y a María para que me acompañaran y descubrir qué había pasado. Fue entonces cuando mi amiga Alba desapareció junto al armario de los fusibles. María se asustó mucho así que decidí acabar la broma. Llamé a Alba para que saliera pero no salía. Se había levantado mucho viento, Alba no salía y me empecé a preocupar. Era muy extraño. Fue entonces cuando le conté a María lo que habíamos planeado para asustarla, pero que la desaparición de nuestra amiga no estaba en nuestros planes. Asustadas, entramos en casa para informar a los invitados de lo que había pasado. Encendimos linternas, velas… Comenzaron a escucharse ruidos que no habíamos escuchado antes, el viento volvía a soplar cuando, de repente, se cerraron todas las puertas de golpe. Esto ya no era una broma, dejó de serlo hacia tiempo, no podíamos salir.Iban desapareciendo personas como moscas, no sabíamos lo que pasaba. Yo estaba aterrorizada. Los teléfonos no iban, las puertas no se abrían, algo estaba pasando. Se escuchaban los gritos de la gente cuando desaparecían. Parecía que algo les arrastraba. Oía sus corazones y sus lágrimas. ¡Era insoportable!
Ya solo quedábamos diez personas de treinta y cinco, estábamos muertos de miedo. Hasta que decidí planear algo. Las puertas ya se podían abrir y decidí huir al bosque. Detrás de mí, salieron corriendo algunos del grupo, a los otros que se quedaron en la casa solo los oíamos gritar. Corríamos y corríamos hasta que Ariadna tropezó, y al recogerla vimos a Alba. Caminaba, pero no parecía ella, así que le pregunte « ¿Alba estás bien? ¿Qué te ha pasado?», pero no contestó. Los que venían detrás seguían empujando, así que seguimos corriendo hasta que nos perdimos. Estábamos agotados decidimos sentarnos en un árbol a esperar a que mis padres llegaran por la mañana. Poco a poco se hizo de día y vimos que estábamos cerca del pueblo, cansados, doloridos y asustados nos acercamos al edificio del colegio. Íbamos a dar la mala noticia: nuestros compañeros habían muerto. Pero cuando llegamos estaban todos ellos, estaban allí haciendo clase. Eran ellos. Desde aquella noche no hay día que no sueñe con mis compañeros.Solo nosotros sabíamos que ellos estaban muertos.
Aitana Sánchez
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