martes, 21 de diciembre de 2010

EL PALETA


Yo era un paleta, un pobre, insignificante y desgraciado paleta, perdí a mí família y toda la culpa era de Javi.
Javi y yo éramos amigos íntimos desde la infancia, ya que nuestros padres también eran amigos. Fuimos al mismo instituto y bachillerato, él fue a la universidad, en canvio yo no. Yo aconseguí el trabajo de paleta y casualmente Javi era el jefe de la empresa en que yo trabajaba. Todo iba fenomenal, me había casado y ya era padre, hasta que Javi se convirtió en un adicto al casino. Perdía mucho dinero y tenia que pagar muchas deudas. Me pidió varias veces que le prestara dinero, yo se los prestaba y él me los devolvía al cabo de unos dies. Esto no parecía un problema, pero poco a poco me pedía dinero más frecuentemente y tardaba más en devolvérmelo. Suponía un problema ya que con el dinero que ganaba apenas podía sacar a mí familia adelante.
Un día me pidió dinero, pero yo me negué, entonces se enfadó y me amenazó con despedirme, yo entonces no tuve más remedio que dárselo. Desde entonces, mi mujer y yo discutíamos diariamente:
-¡Deja de prestarle dinero, me da igual que sea tu amigo!- decía cada vez que yo le daba la noticia.

-Pero me ha amenazado con despedirme.
-¡Pues te buscas otro trabajo!!
-Para ti es fácil decirlo, pero para mí es muy complicado- le recriminaba.
Fuimos discutiendo día a día hasta que nos divorciemos. Mi mujer se llevó a mi hija y yo me quedé solo. Entonces sentía una tristeza tan grande que decidí matar al culpable: a Javi.
Estuve bastante tiempo pensando en un plan. Me dijeron que se había casado y que estaban en la luna de miel, en ese momento tuve el plan perfecto.
Me informaron de que estaban a las afueras de la ciudad, en una casa estilo chalet. Fui con mi furgoneta varias veces a ver dónde estaban los vecinos y si la calle era transitada. Estaba todo a mí favor, la calle no era transitada y los vecinos más próximos estaban muchas calles abajo. Ese día decidí que lo mataría por la noche. Convertiría su luna de miel en una auténtica pesadilla, tal y como hizo él con mi familia.
Por la noche, fui con mi furgoneta, lo dejé aparcado cerca del chalet, cogí las herramientas necesarias y me dirigí hacía la casa. Me puse guantes por si las huellas dactilares, toqué el timbre y cuando Javi se presentó delante de mí, le golpeé con el martillo que llevaba encima. Cayó inconsciente, pero no muerto, entonces bajó su mujer. Yo me coloqué en una habitación del pasillo y cuando la mujer pasó por delante de mí, la golpeé con un ladrillo. Los 2 quedaron inconscientes, cogí a la mujer y até ladrillos con cuerdas a ambas manos y ambas piernas. Los llevé al jardín y justo cuando Javi despertó, tiré a su mujer a la piscina. No podía subir por el peso que llevaba y murió ahogada. Javi estaba destrozado y yo, disfrutando. No podía pedir ayuda ya que también tapé su boca con celo. Lo dejé de nuevo inconsciente por si intentaba escapar y comencé a cavar con una pala una parte del jardín, suficiente como para meter 2 personas. Tiré a Javi dentro, después me fui a buscar los sacos de hormigón que había en mi furgoneta, y, contemplando su cara de desesperación (ya que se había despertado), le tiré hormigón encima hasta cubrirle todo el cuerpo. La venganza estaba prácticamente acabada, sólo faltaba limpiar los rastros, esperar que se secara el hormigón, cubrirlo con tierra y poner un poco de hierba por encima para disimular la excavación. Pasé toda la noche trabajando y al amanecer me fui.
Escribo ésta historia 37 años después de cometer el crimen, acusaron a Javi de matar a su mujer ya que desapareció interpretando que huyó de la ciudad.
La razón por escribir ésta historia es que cada vez que lo recuerdo me siento fenomenal, y como me estoy haciendo viejo, cada vez recuerdo menos. Lo leeré durante unos días para memorizarlo, después lo quemaré, para que nadie nunca, sepa la verdad.
Yan Liyi 1r A

CUENTO SIN TÍTULO



Sara estaba entusiasmada por la llegada a la nueva casa.
Mi hermana menor lo veía todo bonito y reluciente.
Ahora debo decir que siempre he pensado que ella tenía una personalidad un poco infantil, a pesar de ya haber cumplido dieciséis años.
Era demasiado inocente e ignoraba los peligros, creía que toda la gente era buena por naturaleza. También, es probable que fuera algo estúpida, o al menos, yo consideraba que hacía tres años era más inteligente de lo que ella era ahora, y quién tenga hermanos pequeños sabrá lo que describo. No jugaba con muñecas, pero casi.
Nuestro hogar desde aquel día, que Sara describía como mansión de cuento de hadas, yo lo llamaba casa de los horrores infestada de fantasmas. No se lo dije, no quería asustarla.
El lugar era verdaderamente enorme, pero sobre todo destacaba por el jardín. En la parte trasera, era muy extenso, y la hierba y flores descuidadas te llegaban más arriba del tobillo.
Y en ése mismo sitio había una torre vieja, de madera que, sorprendentemente, no se había quebrado ni parecía que fuera a derrumbarse.
Acababa en una pequeña terraza arriba, aunque más bien era una especie de mirador. Nuestros padres nos advirtieron enseguida de que no se nos ocurriera subir.
Así el primer día transcurrió con normalidad, y las tareas de la mudanza nos mantuvieron ocupados el resto de la tarde.
La tarde siguiente, yo me había sentado a leer en las escaleras del primer piso, pues en mi dormitorio, entre muebles y cajas de cartón y envoltorios,
no cabía ni un alfiler.
Entonces fue cuando vi a Sara que se acercaba. Miré por una ventana que había cerca sin tener que moverme del sitio. Aunque era verano, ya estaba atardeciendo.
Mi hermana, como sospechaba, quería ir abajo. Escondía algo, manteniendo los brazos tras la espalda. Le pregunté para qué iba a bajar.
Ella rápidamente me respondió que tan sólo iba a arreglar un poco el jardín y recoger unas flores. Intenté razonar con ella, diciéndole que se le haría de noche, y con lo grande y desconocido que era el jardín, se desorientaría. Era una pelea perdida. De nada me acabó sirviendo, tuve que hacerme a un lado y dejarla ir a la planta baja.
Recorrió las escaleras apresuradamente (vi que llevaba en las manos una regadera), y pude escuchar como decía algo que sería una explicación a nuestra madre.
Distinguí mi nombre, por lo cual pude deducir que había dicho algo sobre que yo le había dado permiso. Se oyó un portazo final.
La noche llegó pronto, y mi padre me pidió que saliera a avisar a mi hermana de que la cena estaba lista.
Así pues, cogí una linterna de la cocina y salí dispuesta a buscar a Sara.
-¡Sara!-Grité-¡Ya está lista la cena, ven!
No me extrañó nada que no me contestara. Era una de esas chicas a las que hay que decirles las cosas mil veces para que hagan caso.
-¡Sara!-repetí-¡Sara!
Nada. Pensé en que si se había adentrado más en el jardín, no me escucharía. Encendí la linterna y me adentré en la hierba para llegar a la parte más oscura.
-¡Sara!-Llamé de nuevo.- ¡Sara, Sara!
Tuve el mismo éxito. Suspiré. Creí que tal vez, al oírme llamarla, se había escondido para asustarme.
-¡Sara!-Chillé, esta vez con enfado.- ¡Sara, esto no tiene ninguna gracia!
¡Qué testaruda! Quería seguir con su broma cruel.
-Pues es una lástima que no vengas.-Dije en voz alta-porque hoy cenaremos tu comida favorita.
Normalmente eso habría sido suficiente para que terminara su juego y se dejara ver.
Entonces empecé a preocuparme realmente.
Recorrí todo el inmenso espacio llamando a Sara por su nombre, sin que tuviera éxito.
Entonces tropecé con algo, dejando caer la linterna. Tras comprobar que no me había hecho nada más que unos cuantos rasguños y que la linterna seguía dando luz, procedí a buscar el objeto que me hizo caer.
Lo encontré fácilmente. Lo recogí. Era una regadera de metal, idéntica a la que yo había visto que llevaba Sara. Exactamente igual. Porque era la misma.
Me vi obligada a volver a la casa, y decir a mis padres que por supuesto, no había encontrado a mi hermana. Confiaba en que hubiese entrado mientras yo estaba fuera, pero no era así.
Llamamos a la policía, y no supimos ni como sentirnos cuando nos dijeron que no se puede denunciar una desaparición de la que no han pasado ni veinticuatro horas.
Me fui a dormir, pero no lo conseguí. El recuerdo de Sara me perseguía, el recuerdo de la última imagen de ella que yo tenía.
¿Era culpa mía que se hubiese perdido? ¡Si yo hubiera discutido un poco más, si la hubiese hecho ceder!
En algún momento debí de soñar, pero sólo con unas sombras negras que se cernían sobre mí.
La mañana siguiente, bajé al jardín. Sabía de sobra que Sara no aparecería milagrosamente, pero esperaba que fuera así.
Fue entonces cuando tuve la peor idea que tuve en mi vida.
El mirador. Algo, un instinto de defensa, me había advertido de que no me acercase la noche anterior. Pero… ¿Y si ella estaba allí, de algún modo?
¿La habríamos oído gritar? O… ¡Tal vez si hubiera colado a por unas flores a la casa abandonada de enfrente y se había enganchado en la verja!
Millones de ideas así volaban por mi mente.
No tuve otra opción. Corriendo me acerqué a la vieja torre, y algo en mi subconsciente me dijo “No es una buena idea, no debes.” Pero, tras unos duros segundos de duda interior, decidí hacerlo.
Seguía teniendo aquél mal presentimiento, pero ya no me importaba.
Abrí la puerta y me adentré en aquél laberinto a lo alto de escaleras de caracol.
La sensación de alerta se hizo más fuerte. La puerta se cerró de golpe detrás de mí y la voz de mi interior ahora decía “¡Estás perdida! ¿Qué harás ahora que no puedes escapar?”. Sentía peligro sin saber por qué.
Subí las escaleras de madera que crujían a la vez que yo pasaba, y de repente…La estancia se volvió muy fría, y de no haber sido imposible, diría que estaba soplando viento. Seguí avanzando.
Y sólo entonces lo vi. No era algo concreto…Ni era alguien. Era…tan sólo la podría describir como la sombra que me había acechado en mis pesadillas.
Y en la realidad daba mil veces más miedo.
Me di la vuelta para verme cara a ella. Seguía siendo algo tan impreciso e indescriptible. Sabiendo que no podía avanzar hacia la puerta, subí los escalones hacia atrás, de forma que no le daba la espalda a aquella sombra espantosa. Pero me seguía, obligándome a acelerar el ritmo.
Pronto, noté el aire fresco en la cara. Había llegado a la azotea.
Continuó acorralándome hasta a obligarme a estar pegada a la barandilla.
No podía moverme hacia delante, tampoco hacia atrás.
Y aquello empezaba a acercarse, rompiendo la distancia.
Miré abajo, desesperada. ¡Mis padres! Hice gestos con las manos, y ellos los devolvieron. Parecían preocupados, pero no por el mismo motivo que yo. Ellos claro, no podían verlos. Porque a aquel espantoso espectro no le importaban mis padres, como tampoco le había importado mi hermana Sara. Sólo me quería a mí, estaba totalmente segura.
Mis padres desaparecieron un momento de mi vista y oí ruidos como de intentar abrir la puerta. No lo consiguieron, claro que no. Y aquello ya estaba demasiado cerca, demasiado cerca para pensar nada.
La sombra estaba a punto de caer sobre mí, así que era ella…o tirarme y caer al suelo. El frío, espantoso, doloroso y letal suelo…o la horrible criatura que no se daría por satisfecha hasta conseguirme. Vistas las dos opciones, sólo había una verdaderamente válida…El suelo parecía una alternativa mucho más segura ahora.




Laura Martínez 1ºA

LA ESCUELA DEL PÁNICO


Todo comienza cuando mis padres se quedan sin Trabajo y nos tenemos que cambiar de Ciudad.
Tuve que ir a una escuela nueva que, cuando la vi por fuera, me dio un poco de escalofrío, pero una vez que entré con mis padres, vi que los niños eran simpáticos conmigo y los profesores cariñosos y muy pronto me hice amigos y amigas.
Un día en el patio jugando al pilla-pilla, estaba muy cansada, me senté al lado de un grupo de niños mayores y entonces escuché que esta escuela había sido un manicomio que mataban gente y a veces se escuchaban ruidos raros, me asusté mucho se lo dije a los profesores y me dijeron que era mentira.
Al día siguiente estaba en clase y le dije al profesor si podía ir al lavabo. Cuando salí de clase no había nadie por el pasillo cuando me dirigí al lavabo escuché un ruido en mi espalda. Me volví vi un hombre ensangrentado con los ojos blancos vino hacia mi corriendo, me fui al lavabo y cerré la puerta estaba aterrorizada de pronto vi que en el espejo había escrito con sangre :”vais a morir todos”.No sabía que hacer, estaba sudando y muerta de miedo abri el grifo del agua para refrescarmé em vez de agua salía sangre .
Abrí la puerta y estaban los professores y los alumnos iban con los ojos blancos ensangrentados me puse a gritar, y entonces me desperte había sido una pesadilla.
Entonces vino mi padre y me dijo, cariño tu madre y yo nos cambiamos de Trabajo y nos tenemos que ir a otra Ciudad y tu irás a un colegio nuevo.
¡ NOOOOOOOOOOOOOOOOO!

Madre con rencor


En la casa de los Fernández, una casa de lo más normal, era sencilla. Tenía las habitaciones necesarias incluyendo un jardín.
Un día normal y corriente paso algo inesperado y misterioso, ahí estaba ella en el comedor junto a la ventana y Patricia palideció repentinamente. Vio en la ventana sangre miró por ella y había una cosa muy extraña una persona tumbada con una bala justo en el corazón. EStaba con sangre. Llamó a su madre:
- Mamá hay algo raro hay fuera, parece un muerto. ¡Qué miedo! ¡Ven muy rápido! ¡Corre!
- No digas tonterías. ¡No digas cuentos chinos! Me voy a acercar para demostrarte que no hay nada.
La madre no vio nada de nada y se fue, inmediatamente Patricia volvió a mirar, pero no vio a un muerto sino que vio a dos. Patricia se acercó al jardín para mirar de cerca y se tambaleó, cayó al suelo y... murió. Nadie le volvió a ver durante una semana y su familia estaba llorando.
Pero lo más extraño es que los muertos eran dos niñas de su edad, de su escuela y de su pandilla. Al cabo de un mes paso lo mismo en otro jardín un niño y a cuatro personas más.
La familia por fin vieron a Patricia y sus dos amigas. La madre ahora sí que las vio. ¿Qué habría pasado?
Es que la madre fue la asesina y no lo dijo antes para cubrir su identidad de asesina.


ERIC LLORCA CAPOTE 1ºA

La casa de la montaña encantada.


Érase una vez una niña que se llamaba María que sus padres la dejaron en la calle.
Una señora que pasaba por allí la adoptó y se la llevó a su casa.
Un día cuando la niña tenía ya ocho años le llegó una carta de una persona anónima donde ponía:
“¡Hola! Sé que eres adoptada y conozco a tus padres de verdad, si tú también quieres conocerlos ven a la montaña encantada, a la casa roja.”
María quería conocer a sus padres y fue a la casa el día siguiente por el mediodía.
Cuando llegó, llamó a la puerta y se la abrió un señor, ya un poco mayor y le dijo:
- Bienvenida, ¿quieres conocer a tus padres?
La niña dijo que sí y entró dentro.
El señor la metió en un cuarto y le dijo que sus padres no existían, que él los había matado.
María se asustó, el señor dijo que tenía que matarla a ella.
Cuando la apuntó con la pistola se escuchó un ruido, la niña, que tenía los ojos cerrados, los abrió y apareció el hombre en el suelo, muerto, y detrás su madre adoptiva con los policías, porqué la niña dejó la carta abierta en la cocina y ella, su madre adoptiva, siempre buscó el asesino de sus padres. Quien había sido su madre adoptiva durante tanto tiempo era la antigua criada de sus verdaderos padres que la recogió del bosque, donde la habían dejado sus padres, para evitar su muerte.
Todos se fueron felices de la casa roja, pero a lo lejos, escondido entre los árboles... había otros ojos observando la escena.
Marta Castillejo 1º A

¿Estoy Loca?


Estaba en casa sola, me aburría tanto que me asome al balcón. Viendo como pasaba la gente oí un grito, que provenía del balcón de enfrente. Como estaba tan lejos, no veía muy bien, solo una sombra negra, con un pelo blanco y muy largo. Así que fui a buscar mis gafas para ver mejor. Cuando volví ya no había nadie, no se escuchaba nada solo el molesto ruido de los coches y de la gente al hablar. Regresé dentro aturdida, en ese mismo momento llego mi hermana, se fue directa a su habitación y no salió de allí. Fui a explicarle lo que me había pasado, no le dio mucha importancia, pasó totalmente de mí. Cuando salí de su habitación oí algo en el salón, corrí a ver qué era. No había nadie. Por un momento pensé que era el viento que había hecho caer el frutero de plástico. Me agaché para cogerlo y en un abrir y cerrar de ojos, vi unas piernas transparentes que no tenían pies.Me asusté mucho y di un grito tan fuerte, que fui corriendo hasta la habitación de mi hermana. Ella me preguntó muchas veces qué me pasaba y por qué había gritado.Yo, mientras tanto, le daba mil vueltas a lo que había visto. Me harté de ella y le conteste:
- ¡Cállate de una vez!,
Mi hermana enfadada, se giró he hizo como si yo no estuviera, en ese preciso momento vi alguien detrás de ella, delante de mí. Tenía el pelo largo de color blanco y algo muy raro: no tenía pies. En ese silencio tan profundo di un grito, estaba aterrorizada. Me pareció ver que me señalaba, pero mi hermana se volvió, y me echó de su habitación. Me fui a una esquina del salón y ahí me quedé aturdida y pensando. Cayó la noche y yo seguía ahí, mi madre preocupada me llevo hasta mi cama. No podía dormir tenía los ojos completamente abiertos. Acostada en mi cama, giré la cabeza y vi como se abría la puerta con un suave chirrido. Me quede en la cama, sin hacer un mínimo movimiento. La puerta dejó de chirriar. Me levané para ir a cerrarla y se me apereció, el mismo fantasma sin pies y con pelo blanco. Estirando el brazo señalando el sótano, pensé que me quería decir algo, así que fui. Bajando las escaleras tropecé con una caja que había en medio y comencé a rodar, me di un fuerte golpe en la cabeza. Estirada en el suelo de aquel sótano frío, húmedo, sucio, me salía sangre de la cabeza. Intenté pedir auxilio, mi visión disminuía y la cabeza me dolía mucho. Me desmayé. Nadie se dio cuenta que estaba inconsciente allí abajo, pero sin embargo, no estaba sola.
Andrea Larrea Baque 1ºA

CUENTOS DE 1º A

Aquí os presentamos una selección de cuentos de los alumnos de 1º A.
Este trabajo ha nacido después de la lectura de los cuentos de E.A. Poe.
Os recomiendo la lectura