
Estaba en casa sola, me aburría tanto que me asome al balcón. Viendo como pasaba la gente oí un grito, que provenía del balcón de enfrente. Como estaba tan lejos, no veía muy bien, solo una sombra negra, con un pelo blanco y muy largo. Así que fui a buscar mis gafas para ver mejor. Cuando volví ya no había nadie, no se escuchaba nada solo el molesto ruido de los coches y de la gente al hablar. Regresé dentro aturdida, en ese mismo momento llego mi hermana, se fue directa a su habitación y no salió de allí. Fui a explicarle lo que me había pasado, no le dio mucha importancia, pasó totalmente de mí. Cuando salí de su habitación oí algo en el salón, corrí a ver qué era. No había nadie. Por un momento pensé que era el viento que había hecho caer el frutero de plástico. Me agaché para cogerlo y en un abrir y cerrar de ojos, vi unas piernas transparentes que no tenían pies.Me asusté mucho y di un grito tan fuerte, que fui corriendo hasta la habitación de mi hermana. Ella me preguntó muchas veces qué me pasaba y por qué había gritado.Yo, mientras tanto, le daba mil vueltas a lo que había visto. Me harté de ella y le conteste:
- ¡Cállate de una vez!,
Mi hermana enfadada, se giró he hizo como si yo no estuviera, en ese preciso momento vi alguien detrás de ella, delante de mí. Tenía el pelo largo de color blanco y algo muy raro: no tenía pies. En ese silencio tan profundo di un grito, estaba aterrorizada. Me pareció ver que me señalaba, pero mi hermana se volvió, y me echó de su habitación. Me fui a una esquina del salón y ahí me quedé aturdida y pensando. Cayó la noche y yo seguía ahí, mi madre preocupada me llevo hasta mi cama. No podía dormir tenía los ojos completamente abiertos. Acostada en mi cama, giré la cabeza y vi como se abría la puerta con un suave chirrido. Me quede en la cama, sin hacer un mínimo movimiento. La puerta dejó de chirriar. Me levané para ir a cerrarla y se me apereció, el mismo fantasma sin pies y con pelo blanco. Estirando el brazo señalando el sótano, pensé que me quería decir algo, así que fui. Bajando las escaleras tropecé con una caja que había en medio y comencé a rodar, me di un fuerte golpe en la cabeza. Estirada en el suelo de aquel sótano frío, húmedo, sucio, me salía sangre de la cabeza. Intenté pedir auxilio, mi visión disminuía y la cabeza me dolía mucho. Me desmayé. Nadie se dio cuenta que estaba inconsciente allí abajo, pero sin embargo, no estaba sola.
Andrea Larrea Baque 1ºA
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