
Érase una vez una niña que se llamaba María que sus padres la dejaron en la calle.
Una señora que pasaba por allí la adoptó y se la llevó a su casa.
Un día cuando la niña tenía ya ocho años le llegó una carta de una persona anónima donde ponía:
“¡Hola! Sé que eres adoptada y conozco a tus padres de verdad, si tú también quieres conocerlos ven a la montaña encantada, a la casa roja.”
María quería conocer a sus padres y fue a la casa el día siguiente por el mediodía.
Cuando llegó, llamó a la puerta y se la abrió un señor, ya un poco mayor y le dijo:
- Bienvenida, ¿quieres conocer a tus padres?
La niña dijo que sí y entró dentro.
El señor la metió en un cuarto y le dijo que sus padres no existían, que él los había matado.
María se asustó, el señor dijo que tenía que matarla a ella.
Cuando la apuntó con la pistola se escuchó un ruido, la niña, que tenía los ojos cerrados, los abrió y apareció el hombre en el suelo, muerto, y detrás su madre adoptiva con los policías, porqué la niña dejó la carta abierta en la cocina y ella, su madre adoptiva, siempre buscó el asesino de sus padres. Quien había sido su madre adoptiva durante tanto tiempo era la antigua criada de sus verdaderos padres que la recogió del bosque, donde la habían dejado sus padres, para evitar su muerte.
Todos se fueron felices de la casa roja, pero a lo lejos, escondido entre los árboles... había otros ojos observando la escena.
Marta Castillejo 1º A
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